miércoles, 2 de septiembre de 2015

ESCUELA DE MISTERIOS EN CASTILLO PITTAMIGLIO: SETIEMBRE 11 DE 2015


Curso de “Escuela de Misterios”
Teórico - Práctico



Una aproximación transdiciplinaria y vivencial desde la reflexión
y la meditación al Esoterismo: una exploración interior.

Docente responsable: Lic. Ubaldo Pino

"Una Escuela de Misterios es un encuentro sistemático con lo milagroso. Participar de ella es la mayor aventura que hay, una danza extraordinaria. La función de una Escuela de Misterios (y existen pocas) es mayor que la de una universidad. Algunas de sus funciones son hacerles conscientes de su consciencia. Estar consciente de su consciencia es, meditación, y es el primer paso para ser, realmente humano. Otra función muy importante es ayudarlos, darles coraje a abrir todas sus heridas. Tales escuelas existieron cuando Zaratustra estaba vivo, él creó una Escuela de Misterios, muchas otras existieron en Egipto, India, Tíbet… Cuando Pitágoras visitó la India notó la existencia de las escuelas de misterios, él fue iniciado en muchas de ellas en Egipto e India. Jesús fue entrenado por los esenios, una escuela de misterios muy secreta. Basado en esto, puedo decir que todo aquello que es bello y grandioso en la historia de la humanidad aconteció porque algunas personas reunieron sus energías en estas escuelas para la exploración interior. Por eso mi nueva fase de trabajo será la creación, en algún lugar, de una Escuela de Misterios. Va a ocurrir, porque creo que la existencia no puede ser tan falta de compasión con un hombre que simplemente ha trabajado por la verdad y la existencia. Así, en esta Escuela de Misterios vamos a prepararlos para que cambien el mundo, queremos cambiar el mundo entero, La Escuela de Misterios es una familia de Amor."
Osho

PÚBLICO

•             Para jóvenes y adultos de 15 años en adelante, con o sin conocimientos previos.
•             El curso está dirigido a quienes quieran profundizar en la llamada Sabiduría Oculta de todos los tiempos comparando arte, filosofía, ciencia y religión insertas en Escuelas concretas de pensamiento e iniciación que revolucionaron el mundo e inclusive a nuestro país.

OBJETIVOS Y MÉTODOS

•             El curso, de extensión de tres meses, se desarrollará en tres módulos entre setiembre y noviembre de 2015.
•             El curso se orienta a desarrollar una visión introductoria al Esoterismo Universal y las Sociedades Secretas y a conocer la perspectiva psicológica e histórica, desde el presente de esas Organizaciones de Sabios Ocultos.



•             Las clases se desarrollan con presentaciones Power Point y Prezzi en las que se exhiben y analizan, con los participantes, siguiendo los criterios trabajados en los cursos anteriores, obras de pintura, escultura, arquitectura, artes aplicadas y diseño.
•             Se desarrollan también con el visionado de documentales y películas de ficción que aportan puntos de vista complementarios a los temas centrales.
•             Al finalizar el curso se entrega material digitalizado en un DVD con la bibliografía básica y materiales complementarios.
•             Al finalizar cada clase desarrollaremos una técnica de meditación ancestral. De la que también se entregará la música apropiada para cada una.

PROGRAMA

PRIMER MÓDULO

1.Unidad Trascendente de las Religiones y Expresiones Espirituales

2.Dimensiones conceptuales

3.Limitaciones del Exoterismo
             Trascendencia y universalidad del esoterismo
             La cuestión de las formas de arte
             De los límites de la expansión religiosa
             El aspecto ternario del monoteísmo
             Cristianismo e Islam
             Naturaleza particular y universalidad de la tradición cristiana
             Ser hombre es conocer

4.El Esoterismo como Vía Magna
             Alquimia del pensamiento

SEGUNDO MÓDULO

1.Órdenes Antiguas
             Eleusis, Pitágoras,Hermetismo,Druidas,Alquimistas

2.Órdenes Occidentales
             Temple, Rosacruces, Teosofía, Golden Dawn, Gnósticos
             Frater Lucis, Illuminati, Francmasonería, Martinismo

3.Órdenes Orientales
             Kabbala, Sufismo, Kaula, Khalsa, Vrajayana, Hashisin Kaula

4.Sociedades Secretas y Políticas
             Logias Lautaro, Sociedad Thule, Carbonari, Evola, etc.



TERCER MODULO

1. Anatomía Oculta / Psicología de lo Esotérico
             Chakras y vehículos de conciencia

2.Alta Magia - Teurgia

3.El Tarot y la Simbología

GUÍA / DOCENTE

•             El Lic. Ubaldo Pino (Montevideo 1963), siendo adolescente integró la Sociedad Teosófica, el Instituto Neo-Pitagórico y diversas ramas del Rosacrucismo. Licenciado en psicología por la Universidad Estadual de Londrina y psicología de la religión Universidad Católica de Sao Paulo, Licenciado en Psicología de la Religión en la Universidad Libre de Bruselas, estudio Lenguas Sagradas en la Facultad de Humanidades la Universidad de la República, Sánscrito, Hebreo y Latín. Teología en ITU Uruguay.
•             Durante ocho años residió en oriente, estudiando árabe, Cultura y Jurisprudencia Islámica en la Universidad Abdel Aziz en Medina, del Reino de Arabia Saudita Desde donde pudo mantener un estrecho contacto con Sheikh (Maestros Sufis) de diversas escuelas. Visitó países en búsqueda espiritual como Marruecos, Libia, Egipto, Líbano, Irán, Afganistán, Pakistán y Tierra Santa, entrevistándose con autoridades judías, drusos, bahais e ismaelitas. En India estudió también vendanta y sánscrito en el Adhyatma Prakaya Karalaya de Bangalore con el Shankaracharya de la época, estableciendo sus primero contactos también con los sabios ayur-vedas y sidhas del sur del país. Se hospeda y toma cursos de Yoga en el Rishikesh Institute. Conoció y tomó sanyassin con Bagwan Rakneesh Osho. Participó en el Maha Kumbha Mella junto a miles de sadhus y sannyasin de todas las escuelas y corrientes de India.Vivió un año en la ciudad Santa de Amristar, en el Punjab India, sirviendo regularmente en el Hari Mandir Sahib, estudiando historia y teología sikh.Sin embargo no fue posible extender su estadía y de regreso desde hace veinte años, colabora en el diálogo interreligioso mundial. Vivió una experiencia monástica-ermitaña durante un año en las montañas de Bucaramanga-Colombia que le permitió penetrar en los Misterios del Silencio, la Oración y la Meditación.
•             Ha sido consultor ecuménico y sobre nuevos movimientos religiosos para el  Vaticano y el Consejo Mundial de Iglesias Protestantes. Es miembro de United Religions Initiative y del Parlamento Mundial de Religiones. En Uruguay durante 2001 inauguró en el Palacio Legislativo el Primer Encuentro Latinoamericano de religiones, con la presencia del Cardenal Walter Kasper y el Gran Rabino de París entre otros. Es miembro fundador de Transcultura Uruguay y del Centro de Estudios Transdiciplinarios de las Religiones en Uruguay. Ambitos de estudio transdiciplinarios y transpersonales, donde se incentiva el diálogo entre la ciencia y las corrientes espirituales. Es secretario de la Asociación Latinoamericana de Psicología Junguiana. Es ordenado presbítero en la Iglesia Católica Liberal en 2011 y nombrado párroco de la Capilla Nuestra Señora de los 33 en Montevideo.

DURACIÓN

•             Setiembre a noviembre 2015, clases de 1 hora y media cada una, con periodicidad semanal.
•             No se dictarán clases durante los feriados no laborables que puedan caer en día viernes.

FECHAS Y HORARIOS

•             Comienzo: Viernes 11 de setiembre de 2015.
•             Días y horarios: todos los Viernes de 19.00 a 20.30 hs.
•             Finalización: Viernes 27 de noviembre de 2015.

COSTOS

•             Inscripción y matrícula $ 350.- / $ 1650 p/mes (3 mensualidades, setiembre a noviembre 2015).
•             Para inscribirse y reservar lugar, se deberá abonar la matrícula y el 50% de la primera cuota, abonando el 50% restante antes de la fecha de inicio de las clases (18 de setiembre).
•             En caso de pagar por mes, deberá abonar la primera cuota al comenzar y la segunda antes del 10 de cada mes. En caso de abonar todo el curso, deberá tenerlo saldado al 18 de setiembre 2015, fecha de comienzo de las clases, accediendo a un descuento del 10% sobre el total del valor del curso. Los descuentos no son acumulables.
•             Incluye coffee breaks y certificado al culminar el año, el cual se entregará habiendo asistido a un mínimo del 75% de las horas dictadas.

•             El grupo se forma con un mínimo de 10 alumnos y un máximo de 25. De no concretarse ese mínimo de asistentes, Espacio Cultural Castillo Pittamiglio y el docente se reservan el derecho de posponer o cancelar el comienzo del curso o curso en cuestión. En tal caso, se devolverá el total del importe abonado.

viernes, 12 de septiembre de 2014

ESCUELA DE MISTERIOS CON UBALDO PINO

Ubaldo Pino
ESCUELA DE MISTERIOS
"Una Escuela de Misterios es un encuentro sistemático con lo milagroso. Participar de ella es la mayor aventura que hay, una danza extraordinaria…La función de una Escuela de Misterios (y existen pocas) es mayor que la de una universidad. Algunas de sus funciones son hacerles conscientes de su conciencia. Estar consciente de su conciencia es meditación, y es el primer paso para ser, realmente humano. Otra función muy importante es ayudarlos, darles coraje a abrir todas sus heridas. Para esto una herramienta muy importante es la hipnosis, la cual siempre es parte de las Escuelas de Misterios.
Tales escuelas existieron cuando Zaratustra estaba vivo, el creó una Escuela de Misterios, Muchas otras existieron en Egipto, India, Tíbet… Cuando Pitágoras visito la India notó la existencia de las escuelas de misterios, El fue iniciado en muchas de ellas en Egipto y la India. Jesús fue entrenado por los esenios, una escuela de misterios muy secreta. Basado en esto, puedo decir que todo aquello que es bello y grandioso en la historia de la humanidad aconteció porque algunas personas reunieron sus energías en estas escuelas para la exploración interior.
Por eso mi nueva fase de trabajo será la creación, en algún lugar, de una Escuela de Misterios. Va a ocurrir, porque creo que la existencia no puede ser tan falta de compasión con un hombre que simplemente ha trabajado por la verdad, por la existencia. Así, en esta Escuela de Misterios vamos a prepararlos para que cambien el mundo, queremos cambiar el
mundo entero, La escuela de misterio es una familia de amor."
Osho

La Escuela de Misterios es un privilegio que tenemos gracias al espacio que Ubaldo Pino nos brinda al compartir su experiencia en Uruguay.-          
-              Básicamente es un encuentro de amigos que nos reunimos como mínimo 1 vez al mes, y nos place celebrar la vida. Hacemos actividades meditativas, charlas, momentos compartidos etc, en un marco de distención, y contacto desde el corazón.
-              No buscamos resultado. No tenemos ninguna prisa por llegar a ningún lado. Nuestra disposición es vivir la vida ahora mismo, momento a momento y estar disponibles a lo que ocurra.
-              Solemos decir: Venimos aquí a “hacer sin hacer" y aprender cómo vivir de ese modo. (Wei-Wu-Wei).
-              Nos acercamos al misterio que somos nosotros mismos y lo vamos descubriendo. Estamos en conciencia de que dentro de cada uno de nosotros están todas las respuestas.
-              Lo hacemos en un marco de respeto, libre de creencias religiosas, políticas, sectarias, ni a favor ni en contra, respetando la individualidad y libertad personal.
-              La filosofía que nos convoca tiene como referente a nuestro querido Osho, pero también incluye a todos los Budas y referentes espirituales que han formado los campos mórficos en los que nos encontramos.
-              La Escuela no persigue fin de lucro alguno. Lo que se recauda es a los únicos fines de sustentar la actividad que hacemos.
-              Para participar es necesario concurrir a encuentros previos, llamados ‘campos de meditacion’, (por lo menos uno antes de la primera participación a la Escuela y luego, dos, durante un año) con el objeto de nivelar la energía del grupo e ingresar así al campo morfogenético de la Escuela. Durante estos encuentros, compartimos meditaciones coordinadas por miembros de la Escuela y comentarios o respuestas a consultas que puedan hacerse.Luego se propone la participación en el Curso de Introducción al Esoterismo.

CURSO DE INTRODUCCION AL ESOTERISMO UNIVERSAL
Y LAS SOCIEDADES SECRETAS

Estos son algunos de los temas que se tratan en la Escuela de Misterios en el Curso de Introducción:

Unidad Trascendente de las Religiones
Eleusis, Pitágoras,Druidas,Alquimistas
Ordenes Occidentales
Temple,Rosacruces,Teosofía,Golden Dawn,Gnosticos,Frater Lucis,Illuminati
Ordenes Orientales
Kabbala,Sufismo,Kaula,Hashisin.Kaula
El Tarot,Alta Magia – Teurgia,Anatomia Oculta

Este curso introductorio tiene una frecuencia semanal con una reunión de una hora.
Tres meses de duración.
El costo del mismo es de 1.000 $ al mes.

095369101

viernes, 4 de julio de 2014

OSHO TAROT - CURSO INTENSIVO

El psicotarot es una herramienta terapéutica de autoconocimiento, un camino profundo hacia nuestro inconciente, donde las figuras arquetípicas representadas en cada una de las cartas del tarot, funcionan como códigos de acceso a los archivos de nuestra mente subconsciente. Se nos revelan así: imágenes, situaciones y vivencias, profundamente guardadas. De esta manera podemos verlas a la luz de nuestra razón para buscarles solución y sanarlas…

CURSO TEORICO - PRACTICO
OSHO TAROT – PSICODRAMA JODOROWSKY

1-Presentación. Quién es Osho? Qué es el Tarot?
2-Composición y reglas de orientación. Numerología. Simbología Intuitiva.
    Arquetipos Junguianos. Meditación y Relajación
3-Los Arcanos mayores en el Tarot de Marsella I. Meditación Nadhabrahma
4-Los Arcanos mayores en el Tarot de Marsella II. Meditación Vipasana
5-Chakras y Vehículos de Conciencia. Meditación la Respiración de los Chakras
6-Tiradas de Tarot I. Meditación el Sonido de los Chakras
7-Tiradas de Tarot II. Meditación Gourishankar
8-Evaluación
8 encuentros semanales de 1 hora (2 meses)
Costo: $ 1600 x mes

Psicotarot… una terapia del alma

095369101


El psicotarot es una herramienta proyectiva, que mediante la conexión con nuestro inconsciente, nos facilita el autoconocimiento, posibilitando así la cicatrización de las heridas del alma. Es a través de los arquetipos de las cartas que encontramos esas respuestas que siempre estuvieron guardadas en nuestro corazón.
El psicotarot es un espacio sagrado para tu autoconocimiento y sanción.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Paradigma de la interculturalidad


Publicación mensual del Instituto Científico de Culturas Indígenas.

Año 3, No. 26, mayo del 2001

Paradigma de la interculturalidad

Angel Marcelo Ramírez Eras

Resumen ejecutivo

El término paradigma fue acuñado al interior de la teoría científica y de la epistemología, en particular, y emergió con fuerza desde la publicación del libro "La Estructura de las Revoluciones Científicas", de Thomas Kuhn. Posteriormente los estudios de Morin nos presentan dos grandes corrientes dentro del abordaje teórico de los paradigmas: el paradigma de la fragmentación y el paradigma de la complejidad. Por su parte, los pueblos indígenas del continente Americano o Abya Yala, han desarrollado a través de su práxis histórico-política de los últimos tiempos un referente que lo ubicamos dentro de las concepciones de Morín como eln paradigma de la complejidad. Por eso, a lo largo de esta breve texto se hablará del paradigma de la interculturalidad.

Paradigmas

Thomas Kuhn considera a los paradigmas "como realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante ciento tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica"

Las realizaciones científicas a que hace relación Kuhn nos llevan a valorar los grandes descubrimientos, teorías, inventos, que traen consigo nuevas formas de hacer ver el mundo. La teoría geocéntrica hizo ver por mucho tiempo que la tierra era el centro del universo, pero investigaciones posteriores dieron cuenta que la tierra no era el centro ni siquiera del sistema solar, sino que la tierra era un planeta más de este sistema, en el cual el sol era su centro, Esto llevó a que se hagan grandes descubrimientos de la órbita elíptica de los planetas, entre otros descubrimientos.

Por su parte, Morin explica que: "Como cualquier revolución, una revolución paradigmática ataca evidencias enormes, lesiona intereses enormes, suscita resistencias enormes. Lo que se profana son las verdades sagradas y los tabúes. Toda una práctica pierde su sentido. En ocasiones se ve amenazado todo el orden social. El mismo universo se hunde. Y, al mismo tiempo que el mundo se viene abajo, el fundamento interno del conocimiento se engulle en un agujero negro. La revolución paradigmática no sólo amenaza a los conceptos, las ideas, las teorías, sino también al status, el prestigio, la creencia establecida."

Como se puede inferir de los textos tanto de Kuhn como de Morin, hablar de paradigmas es hablar de revoluciones científicas. Los paradigmas se constituyen en entes gnoseológicos subversivos ante un paradigma determinado, Irrumpen como pensamiento emergente en contra de viejas estructuras paradigmáticas. En este sentido cuestionan a la sociedad, a los estereotipos sobre la cual se cimenta y propone una nueva forma de ver el mundo en los campos científico, social, económico.

Los paradigmas traen cambios y con el cambio todo vuelve a cero, es decir, un nuevo paradigma recontextualiza los avances o retrocesos de una sociedad. La reflexión se empieza nuevamente a construir para dar paso al conocimiento y a una praxis emergente.

Para resumir qué son los paradigmas diríamos que: un paradigma es una cosmovisión particular de ver el mundo que cuestiona el orden establecido, lo somete a una continua crítica y determina grandes transformaciones.

Tipos de paradigmas

En el pensamiento de Morín encontramos dos tipos de paradigmas , el paradigma de la fragmentación y el paradigma de la complejidad.

Paradigma de la fragmentación

El paradigma de la fragmentación se caracteriza por dividir al todo en sus partes y priorizar las partes que el todo. Lo importante para este paradigma está más allá de la totalidad. Esto ha llevado a tres fenómenos que son: la disyunción y la superespecialización, la reducción y la racionalidad.

La disyunción hace referencia a la parcelación del conocimiento, a la superespecialización , impide que todo se vea de una manera global. Los problemas son vistos desde sus óptica problemática sin referencia a un contexto o a una visión más global. De la misma manera el paradigma de la fragmentación crea una falsa racionalidad en torno al desarrollo y progreso, considerando que la era tecnocrática nos llevará a la felicidad, mientras vemos que los químicos desertizan la tierra o la asesoría de un "experto" ahonda las crisis en las regiones.

Paradigmas de la complejidad

El paradigma de la complejidad no tiene nada que ver con la acepción de complicado, sino que es un paradigma que permite ver los hechos reales dentro un contexto, dentro de una globalidad, multidimensionalidad y su propia complejidad.

Los hechos en un contexto deben ser analizados tomando en cuenta los referentes culturales, los entornos sociales, los ambiente ecofísicos. En este mundo de una diversidad cultural las normas sociales de convivencia cambian de una cultura a otra y lo que para una cultura se considera como lo correcto, para otra, será lo contrario.

La visión de contexto no quita que tengamos una visión global, de conjunto de lo que está pasado junto a los hechos reales. Lo global es lo totalizante que da sentido al contexto. El contexto se entiende también dentro de una totalidad de una globalidad. Es decir se trata de ver las partes -contexto- y la totalidad -globalidad- para analizar una situación dada. Estos hechos deben ser vistos de una manera multidimensional o multidisciplinaria, es decir para poder entender un fenómeno.

Así "El conocimiento permanente debe enfrentar la complejidad. Complexus significa los que está tejido junto; en efecto, hay complejidad cuando son inseparables los elementos diferentes que constituyen un todo (como el económico, el político, el sociológico, el afectivo, el mitológico) y que existe un tejido interdependiente, interactivo, e interrelacionado entre el objeto de conocimiento y su contexto, las partes y el todo y los partes entre ellas. Por esto, la complejidad es la unión entre la unidad y la multiplicidad. Los desarrollos propios a nuestra era planetaria nos enfrentan cada vez más y de manera cada vez más ineluctable a los desafíos de la complejidad." (Op. cit. P.17)

Podemos resumir diciendo que un hecho científico, o cualquier acontecimiento no puede ser simplemente visto desde su fragmentariedad, sino desde el mundo de relaciones, interacciones de todo tipo que teje a su alrededor, no hacerlo sería ser fragmentarios y miopes cognoscentes. Es en esta marco de interrelaciones en que se sitúa el paradigma de la interculturalidad.

Paradigma de la interculturalidad

Es importante considerar que el paradigma de la interculturalidad tiene varias acepciones y contextos, dentro de los cuales también vamos a presentar un planteamiento muy propio nacido de la exigencia en la construcción de un conocimiento emergente el de la interculturalidad científica.

Desde una visión del conflicto consideramos a la interculturalidad con la construcción de nuevas identidades en base a las confrontaciones culturales que a lo largo de la historia han sufrido las culturas en los diferente lugares del mundo hasta constituirse en nuevas identidades. Esta definición tiene su propios escenarios como los conflictos armados, desplazamientos geográficos, guerras interétnicas, racismo, xenofobia.

Desde el desarrollo y fortalecimiento de la lengua se considera a la interculturalidad como la consolidación de la identidad de una cultura a través del uso de su propia lengua. Los contextos donde se da esta acepción de interculturalidad son los contextos multilingües, plurilingües, bilingües. En estos contextos las lenguas indígenas o diglósicas luchan por perennizarse en un ambiente en donde las lenguas "nacionales" impiden su desarrollo.

Otra de las acepciones que encontramos es considerar a la interculturalidad como un proceso de convivencia humana basado en el respeto a la relación recíproca de valores entre varias culturas, esta acepción apela a la valoración del bagaje ético social de varias culturas, en donde la interrelación se basa justamente en el respeto a estos valores. Los contextos donde se mueven esta acepción son los grupos humanos multiculturales, pluriculturales.

El mundo permanente de las interrelaciones humanas en todas partes nos permite encontrar otra acepción de interculturalidad como la acepción constante de las diferencias. Esto implica interrelaciones personales aún en donde no hay contextos culturales fuertes. De esta manera se valora a la persona con su propia identidad personal, sabiendo que la persona es quien representa a una cultura. Este mundo de relaciones las encontramos en la convivencia de seres humanos fruto de las migraciones intercontinentales, que pertenecen a diferentes religiones, de diferentes estatus socioeconómico.

Finalmente la interculturalidad científica es un término acuñado por quien escribe este ensayo y que ha permitido y está permitiendo el desarrollo más sistemático de los ciencias de la cultura. La interculturalidad científica considera a la interculturalidad como interrelación de saberes de las culturas originarias con los saberes de las culturas universales. Esta acepción nos ubica en los conocimientos de las culturas originarias de cada continente y su interrelación con los saberes y conocimientos de las culturas y sus aportes al bienestar científico y tecnológico de la humanidad

Dimensión política de la interculturalidad

Como se expresa en el inicio de estas páginas, todo paradigma lo que hace es cuestionar, provocar una suerte de reflexión crítica, analizar los acontecimiento a la luz de una nueva teoría, provocar crisis y proponer derroteros en medio de la incertidumbre.

Así encontramos que el paradigma de la interculturalidad es complejo en el sentido de que engloba una dimensión política que tiene algunas dimensiones como la plurinacionalidad, la comunitariedad, lo multicultural, lo multilingüe y lo productivo.

La dimensión plurinacional considera importante que se construyan las identidades colectivas en base a la pertenencia a una identidad, histórica y geopolítica particular con relación a una cultura y general con relación a un Estado. La suma de estas identidades histórico geopolíticas conformarían los Estados plurinacionales,

La dimensión comunitaria da importancia a las relaciones de reciprocidad y redistribución de las culturas. Esta práctica de reciprocidad nace al interior de los ayllus, de las familias nucleares, se consolida en una familia amplia y se perenniza en el quehacer cotidiano de una cultura. Esta dimensión nos lleva a valorar el trabajo comunitario en "minga".

Por su parte, la dimensión multicultural, nos lleva a valorar los aportes de cada una de las culturas. En un territorio determinado por un Estado convivimos varias culturas , sean estas originarias o extranjeras. La multiculturalidad plantea una convivencia pacífica entre varias culturas originarias.

La dimensión multilingüe, por su parte, nos exige que podamos hablar varias lenguas como medios de interrelación cultural: tanto las lenguas indígenas como las lenguas extranjeras. De esta manera los fenómenos diglósicos tienen que ir desapareciendo y procurando que exista una valoración de las lenguas originarias y de las extranjeras. En esta relación, las lenguas originarias plantean elevarse a ser lenguas científicas, para lo cual, la lingüística colabora en este contenido.

Finalmente es importante la producción en tres dimensiones: la productiva, la tecnológica y la científica. La productiva tiene que ver con el mejoramiento de la calidad de vida de los pueblos, para esto se deben mejorar las relaciones de producción a través de la creación de una economía solidaria y comunitaria. La dimensión tecnológica nos lleva a investigar en las culturas originarias sus prácticas tecnológicas que posibilitan las sustentabilidad y la armonía con la naturaleza. La dimensión científica exige que nos comprometamos a construir ciencias desde los saberes de las culturas originarías, de sus saberes y prácticas ancestrales.

Para terminar podemos citar nuevamente a Morín y expresar que: " Así pues el paradigma efectúa la selección y la determinación de la conceptualización y de las operaciones lógicas. Designa las categorías fundamentales de la inteligibilidad y efectúan el control de su empleo. Los individuos conocen, piensan y actúan según los paradigmas inscritos culturales en ellos".

Quienes nos ubicamos dentro del paradigma de la interculturalidad encontramos que su contenido es parte de nuestras vidas y que a través de este filtro captamos lo positivo para vivir mejor.

© Los artículos del presente Boletín ICCI, pueden reproducirse citando la fuente

miércoles, 27 de octubre de 2010

La Libertad Interior

La libertad interior

Vimala Thakar

La fase inicial de la investigación de Vimala Thakar se sitúa entre los años 1957 y 1961, durante el encuentro con J. Krishnamurti. Desde entonces Vimala ha viajado mucho, dirigiéndose a profesores y a estudiantes de todas las partes del mundo. Mediante este texto, transcripción de una conferencia (cuya traducción respeta aquella espontaneidad), la autora hace una llamada a la revolución interior, a una «despiadada honradez con nosotros mismos en ese viaje de descubrimiento de uno mismo.». Exhorta al lector a «mirar y observar su propia vida para comprender la naturaleza de los condicionamientos». La libertad interior e incondicional es la auténtica abertura hacia la dimensión espiritual.

Las palabras son un difícil medio de comunicación, porque cubren diferentes representaciones en el espíritu de las personas. Una palabra no solamente está repleta de interpretaciones, sino también de asociaciones emocionales e intelectuales.
Desde el momento en que la persona empieza a hablar es del todo posible que se estimule –en el que escucha– una asociación emocional del pasado: se reavivan los recuerdos y se instaura una especie de resistencia entre el que habla y el que escucha. La comunicación verbal, aunque sea un medio de comunicación mediocre y peligroso, es, sin embargo, la única a nivel mental. Vivimos gracias al espíritu, funcionamos a través del cerebro y, por eso, las palabras se hacen necesarias. Se trata de medios al servicio de un fin.

Si la comunicación verbal puede llevarnos a la comunicación no verbal de los corazones, mi intención quedará satisfecha. Cada uno de nosotros tendría que preguntarse, en el fondo de su corazón, si desea vivir una libertad interior e incondicional.

En el siglo XX el hombre cree que desea la libertad, pero me pregunto si realmente la desea. Tendríamos que preguntarnos si la queremos y si realmente sentimos esa necesidad, del mismo modo que necesitamos alimentos para aplacar el hambre.


La libertad no ofrece seguridad.

Libertad y seguridad no van a la par. La libertad es una total vulnerabilidad de la vida. ¿Nos gustaría llegar a ser vulnerables ante todas las provocaciones de la vida?, ¿o bien preferimos un escondrijo, cavado en nombre de algunas teorías, para vivir lejos del seno de las provocaciones y sentirnos seguros? Es cosa nuestra descubrirlo.

Si nos asfixiamos por no tener libertad interior, entonces la indagación será auténtica, pero si, en algunos recovecos del espíritu, tenemos miedo a la libertad, si nos gusta tener detrás de nosotros alguna autoridad protectora bajo la forma de personalidades, de teorías, de conclusiones junto a las cuales poder regresar y buscar protección cuando nos sentimos en peligro, entonces no es auténtica. Ser libre es vivir en peligro, es ser vulnerable a la inseguridad de la vida y de sus vaivenes.

¿Lo queremos realmente? La intensidad, la pasión, la profundidad tras la indagación, determinan su calidad y su vigor. ¿Sucede lo mismo con nosotros? ¿Hemos visto acaso cuán esclavos somos de nuestro espíritu, cuán unidos estamos a nuestro ego y cómo esos pequeños «ego», que son los nuestros, nos aíslan de la totalidad de la vida y nos mantienen ocupados, mientras la vida dure, sustentando la identidad de ese yo insignificante, el ego, saturado de experiencias, que siente gran orgullo al poner en orden su colección de conocimientos y de experiencias?


¿Nos percatamos de la naturaleza de la esclavitud?

¿Hemos observado y constatado que la naturaleza del movimiento del espíritu es mecánica? No hay ninguna originalidad, ni ninguna frescura, ni ninguna libertad en el movimiento del espíritu. ¿Nos atraviesa este hecho el corazón, nos deja sin sosiego y crea una sed de libertad al igual que una persona sedienta busca el agua? ¿Hemos observado de qué modo está nuestra existencia gobernada por alguna autoridad? Hemos aceptado la autoridad y hemos acomodado nuestro comportamiento a las exigencias de la autoridad. A menos de que eso no nos afecte personalmente, si no hay encuentro íntimo con los hechos interiores de la vida seremos incapaces de decirnos si queremos o no la libertad.

Pero no la libertad de un ámbito particular de nuestra existencia, sino dentro, en la totalidad del ser; donde no haya ninguna autoridad, sea la que sea, ni la mínima búsqueda de seguridad psicológica. No hablo de seguridad física, que es indispensable. Hay que decidir qué tipo de trabajo vamos a hacer, cómo vamos a sostenernos; debemos estudiar todos esos detalles para que el organismo físico tenga una cierta estabilidad y seguridad.

La inteligencia orgánica que el cuerpo encubre no puede funcionar si hay inestabilidad e incertidumbre a nivel físico, está obsesionada por la inseguridad. Así pues, es necesario que, en el plano físico, la inteligencia orgánica tenga asegurados la vivienda, los medios de existencia, los medios de procurarse alimento, ropa y abrigo, que pueda ocuparse de la salud, etc.. Es lo mínimo que se le debe conceder al cuerpo. Si el cuerpo y la inteligencia que éste encierra no saben dónde estarán mañana por la mañana ni la forma en que estarán, la persona no puede esperar, entonces, llevar a cabo una indagación de descubrimiento de sí misma, de libertad, de realización. Por lo tanto, hay que cuidar la seguridad física como fundamento de la libertad interior. En una atmósfera de incertidumbre, el cerebro no puede funcionar; requiere la certeza y la seguridad de las necesidades fundamentales de la existencia.

Cuando nos hemos ocupado de ello, nos volvemos hacia nuestro propio espíritu y hacia nuestro comportamiento, y descubrimos su calidad; intentamos comprender si ese comportamiento está basado en una autoridad dominada por la costumbre, por modelos, o bien si vibra con la libertad, si está controlado por las reacciones de los demás, por lo que esperamos de ellos: ideas de prestigio social y de respetabilidad.
¿Cuál es la fuente de nuestra acción y de nuestro comportamiento, y cuáles son los factores que los gobiernan? Si profundizamos en ese aspecto de la vida, descubrimos –si somos suficientemente honestos– que nos sentimos completamente seguros cuando se nos dice que hagamos algo.

Buscamos la seguridad en cada uno de los niveles de las relaciones humanas. Queremos estar asegurados, tener la seguridad que aportan la sociedad, la legislación, la tradición y nuestro propio carácter posesivo. Si queremos seguridad, lo que significa negar la libertad a los demás, ¿tenemos realmente derecho a creer que queremos la libertad de no pertenecer a nadie y de que nadie nos pertenezca?

Pertenecemos a la vida, a Dios, a la totalidad de la vida. El estado de libertad es el estado de renuncia en el que no renunciamos a nada, en el que no poseemos nada. Psicológicamente no rechazamos nada, no poseemos nada. Pero, de hecho, nos gusta poseer no sólo los objetos, sino también los seres humanos y los conocimientos, las experiencias. La existencia constituye para nosotros posesiones, y cuanto mayores sean más ricos nos sentimos.

Ser libre, amigos míos, es estar vacío. Esto nos reduce a no ser nada ni nadie. No existe ya centro desde el que uno pueda apropiarse y poseer algo en el mundo. La ausencia del miedo surge en esta humildad de la nada, en esta humildad de la renuncia en la que no hay afirmación ni reivindicaciones, sino simplemente el ser y la comunicación.


La vida cambia. ¿Deseamos realmente esta libertad?

La libertad es un estado de total no identificación. Hemos considerado un aspecto de la indagación: esta libertad es una cosa peligrosa. Si no existe una necesidad acuciante de libertad, debemos continuar los métodos, las técnicas que aportan seguridad y contentarnos con ello. Pero si seguimos el juego de la auto–ilusión, entonces, en el ocaso de la vida, nos quedamos con el corazón vacío y las manos llenas de las cenizas de palabras vacías.

Deberíamos ser despiadadamente honestos con nosotros mismos en ese viaje de descubrimiento de uno mismo. Pensamos que amamos el descubrimiento de lo que es el amor, pero se trata de una superstición. El amor es austero, no es parecido al afecto que podemos sentir a nivel sensual, no satisface necesariamente las exigencias sensuales aunque pueda. No ofrece ninguna seguridad o ningún sentido de pertenencia. Como el aire, está en todas partes. El amor es como el soplo de la vida, no está en relación con otro individuo particular, sino en relación con el Todo. Así, en ese estado de libertad y de amor hay una extraordinaria celeridad. Ello transforma la persona cualitativa y radicalmente. Hay una libertad interior, el estado de la nada, y ese amor –que es el sentido de estar unido con el Todo de la vida, el sentido de ser uno con la totalidad–, que disuelve todas las terquedades, todas las rigideces y las identificaciones.

La tercera cuestión es la superstición de creer que queremos la paz, colectiva e individualmente. Les voy a dejar en esta tercera cuestión con el fin de que, cuando regresen a sus casas, puedan interrogarse ustedes mismos intensamente, sin piedad, y descubrirlo. Nos gusta la actividad, nos gusta siempre el movimiento. No es que yo esté rechazando el movimiento o la acción. El movimiento, así como la inmovilidad, forma parte de la vida, pero nos entregamos siempre a la actividad o al movimiento bajo todas sus formas, físicas o mentales, mientras que la paz es la relajación que engendra lo inmutable. La paz es un subproducto del estado de no–acción. ¿Podemos soportar este estado de no–acción tan siquiera durante una hora? ¿Podemos soportar el silencio cuando el espíritu no se mueve, donde no se agitan los sentimientos? Ese magnífico vacío reina como amo y señor en la carne y en los huesos.

De ese modo, amigos míos, una vida "religiosa" es la vida de una revolución interior en la que cambian las dimensiones, pasando de la dimensión del movimiento a la del no movimiento, o a un libre movimiento, o a una acción de libre dimensión.
La meditación es un estado en el que esta ausencia de ego, esta ausencia de movimiento, reina como amo y señor.

Si, después de esta despiadada consulta e interrogación sobre nosotros mismos, sentimos la pasión por descubrir lo que es esa dimensión de libertad y de amor, si hemos visto la futilidad del movimiento mental, si hemos visto que el espíritu no puede alcanzar a Dios pero que, si detiene sus adquisitivas actividades de ardilla gobernadas por el miedo y tendentes a la seguridad, y si puede cesar sus actividades: encontraremos el silencio. Encontraremos la vacuidad en el no movimiento del silencio. Si sentimos realmente una acuciante necesidad de paz, de amor y de libertad, sólo entonces comenzará una auténtica indagación espontánea, y habrá un fundamento para esta investigación. Si estos tres puntos han quedado claros, me gustaría profundizar algo más.

Supongamos que hemos descubierto que amamos la libertad, la paz y el estado de amor. ¿Cómo empezar?, ¿cómo introducirnos? Lo primero que veo es que no modificamos ni siquiera un ápice la vida que nos ha sido dada. No partimos a la aventura, a la búsqueda de guías, de instructores o de maestros, sino que permanecemos en la situación en que la vida nos ha colocado e intentamos descubrir nuestros propios condicionamientos. Es el terreno del espíritu. Del mismo modo que cuando nos movemos, cuando paseamos por la tierra, se produce un contacto entre el movimiento de los pies y la pesadez de la tierra; del mismo modo, cuando nuestro espíritu se mueve, hay un contacto con nuestros propios condicionamientos tejidos en nuestra carne, en nuestros huesos y en nuestra sangre. Tenemos que descubrir estos condicionamientos y comprenderlos tal como son. La ignorancia de nuestros propios condicionamientos y el hecho de recorrer el mundo en busca de los más recientes métodos de condicionamiento, no nos conducirá a ninguna parte. Comprendemos lo que son nuestros condicionamientos, cómo nos ciegan o la forma en que nos refuerzan o nos debilitan. Este contacto con la naturaleza de los condicionamientos es absolutamente necesario. Nos paramos pues ahí, miramos y observamos nuestra propia vida y comprendemos la naturaleza de los condicionamientos, la forma en que han creado costumbres, modelos, supersticiones, mitos, creencias: en realidad la cosa se percibe por completo.

Entonces decimos: «Pues bien, si esta autoridad tejida en mi sangre, si esta autoridad debe ser un obstáculo o debe poner impedimentos a mi indagación, dejad que le dé un escobazo». Este escobazo se efectúa con toda humildad, y no con el arrogante rechazo del pasado, de la autoridad del pasado; no se trata de repelerlo.

Sin nada de arrogancia, pero con toda humildad, nos decimos: «Pues bien, las experiencias de mis antepasados pueden ser verdaderas, pero no me sirven de nada. No voy a estar continuamente comparando mis actos con sus experiencias. No voy a crear un ideal sacado del pasado, de las experiencias ajenas e intentar alcanzar esas experiencias: ¡sería huir de mí mismo!. Barremos, pues, la autoridad con el fin de emprender un viaje de exploración.

Si nos encontramos atiborrados y rodeados de toda clase de autoridades, entonces no puede tener lugar la indagación. No hacemos más que proyectar estas experiencias en nosotros mismos, o bien intentamos repetirlas emocionalmente, intentamos crear los medios, las circunstancias, con el fin de que esas experiencias puedan repetirse en nosotros. Repetir experiencias no es un descubrimiento, amigos míos.

No más que el hecho de acercar nuestras acciones a las de Ramakrishna o a las de un Krishnamurti; ellos han vivido o viven su propia vida. Dejémosles que vivan. Nuestra vida es nuestra en propiedad, es lo que necesitamos para vivir. No podemos negar o rechazar el pasado. La única cosa que podemos hacer es ver que no podemos ser prisioneros del pasado, que no podemos intentar escapar a nuestro propio ser, intentar copiar e imitar a cualquier otro, y pensar que vamos a convertirnos en alguien parecido a él.

El proceso de descubrimiento no pertenece al devenir. Puede ser el proceso de ignorar las cosas falsas y erróneas, de limpiar los desequilibrios o de aprender un enfoque científico. Pero imitar, conformarse y aproximarse seguro que no es. ¡Es algo tan juvenil!


En la imitación está la muerte, el suicidio.

Es ser lo que somos. Dejad que las potencialidades florezcan y se desarrollen, y Dios residirá en cada corazón, en cada ser... Dios, la totalidad de la vida, las energías incondicionadas, la pura esencialidad de la vida. No hay sobre la tierra partícula alguna donde no resida la Divinidad. Ese es el sistema de la vida.

El misterio de la vida no puede ser descubierto por el intelecto, por el saber y por los conocimientos. Puede revelarse en nosotros si estamos en un estado de no saber y de humildad. Se nos revela; no lo alcanzamos, no lo experimentamos, y así siempre. Barremos la autoridad porque no queremos imitar, conformarnos, acercarnos o cambiar.

Es difícil, porque queremos cambiar. La transformación no consiste en convertirnos en algo que no somos. Consiste en la autoridad de ser lo que somos, orgánicamente unidos a la totalidad y viviendo esa relación orgánica con el todo, en cada momento, en cada relación. Decimos: ¡Apartemos eso!. Pues no tiene nada que ver con el respeto de nosotros mismos, con nuestro descubrimiento del sentido de la vida. No podemos prestarlo, no podemos pedirlo prestado. El acto de vivir no puede producirse si estamos ocupados en pedir prestado y en repetir.

Lo apartamos, pero si hay desprecio, indiferencia, si hay un sentimiento de superioridad con respecto al pasado, entonces creo que la fuente está envenenada por esa arrogancia. No puede producirse ninguna indagación cuando la actitud tiene la rigidez de la arrogancia o de un sentimiento de superioridad.

Para aprender debemos abrirnos, ser receptivos. El pasado es pasado y lo dejamos correr. Abandonamos la influencia de la autoridad porque lo que tratamos es nuestro propio espíritu. El pasado no es algo que sea externo a nosotros, está en nosotros, es la substancia de lo conocido, el espíritu condicionado a través del cual funcionamos. En el momento en que ya no estamos identificados con la autoridad del pasado, pierde su importancia para nosotros.


Debemos dejar de lado la influencia, el abrazo del pasado.

Esa influencia pesa sobre nosotros y la aceptamos de buen grado por la necesidad de seguridad. Ahora que hemos dejado la autoridad detrás de nosotros, emprendamos juntos el viaje. Dejamos la influencia con toda humildad, no porque no le atribuyamos significado, sino por el hecho mismo de que no nos sirve para nada.

Y, de ese modo, hay un espacio interior. Ningún pensamiento, ninguna referencia al pasado; tenemos mucho que descubrir, que comprender. Si nos movemos a través del espíritu, a través del yo –el ego–, esto nos traerá todo el pasado, de una forma o de otra. Con el fin de que lo que ha sido barrido no vuelva a deslizarse por la puerta trasera y no se interfiera, nos mantenemos en estado de observación.

De este modo, la llama de la observación se enciende en el espacio interior (la observación es una acción-libre-atención) y ahí nos quedamos. No podemos hacer nada más, hemos hecho lo necesario, hemos dado el primer paso para mantenernos libres de la autoridad, y puede que el primer paso sea el último, no podemos hacer nada más. Sólo podemos estar ahí y en estado de no hacer absolutamente nada, lugar donde se nos reduce al no saber, donde no hay dirección que tomar, donde no hay móvil que nos impulse a la acción: estamos en el centro de nuestro ser.

He utilizado la palabra «humildad», que no se emplea hoy en día, y voy a emplear otra más peligrosa todavía. Abandonémonos totalmente en el altar del silencio. Ya hemos abandonado todas las actividades y vivimos en ese estado, de manera que «el Otro» puede revelarse, que «el Otro» puede venir, quitar la pantalla transparente o la máscara que había entre él y nosotros. Es lo que hemos hecho al barrer la autoridad, al abrir las puertas y las ventanas de nuestra psique y al crear un espacio interior para que «el Otro», el indecible, el eterno, el divino, pueda entrar; para que pueda tomar el relevo de nuestra vida. Podemos vaciar nuestro espíritu, estar en el vacío, y eso es algo que todos podemos hacer.

Generalmente, a la mayoría de nosotros no nos gusta estar en este estado de no actuar y de no saber. No nos gusta esta vacuidad interior de los espíritus vacíos, desposeídos, sin palabra, sin pensamiento, sin emoción, sin términos de referencia, sin la menor cosa que observar, que referir al pasado... eso nos asusta.

El ego se atemoriza. Si aguantamos hasta el final, poco importa si tiene miedo, si hay lágrimas. ¿Qué hay de falso en las lágrimas? ¿Qué importa si temblamos un instante desde el momento que aguantamos hasta el final? No huyamos de ese sentimiento de temblor, de estar estremecidos, ¿qué importan las lágrimas, la frustración? El ego está frustrado y dice: «Volvamos, no hay nada aquí en el vacío, en la vacuidad, aferrémonos a alguna teoría, a alguna interpretación. Has llegado por encima de las palabras y de la verbalización y aquí sólo está el vacío, la vacuidad, no hay nadie para decirte lo que te sucede; ¿para qué sirve estar en este vacío despojado donde no ves nada, donde nada te sucede?»

El ego, o bien quiere ocuparse de los demás, o bien desea que algo le suceda. No puede soportar la austeridad del estado de ser. Quiere convertirse en algo, hacer algo, cambiar. El cambio, cambiar a los demás o cambiarse a sí mismo, llegar a ser algo o ayudar a los demás a llegar a serlo; esto es el contenido de nuestra vida, puesto que no estamos acostumbrados a vivir en este espacio interior o en esta ausencia de dirección, de vacío sin móvil. Es algo admirable, es una belleza terrorífica: la belleza está rodeada de terror.

Únicamente al superar esto pode mos ver por nosotros mismos que el vacío y la vacuidad estaban llenos de innumerables energías incondicionadas, sin medida e inexploradas por los seres humanos. Así, el contacto con «el Otro» transforma el ser. No nos transformamos nosotros mismos. Lo que transforma es el contacto con «el Otro», no medido con palabras, con conceptos y con teorías o cualquier cosa perteneciente al mundo; «el Otro», que ha desafiado toda verbalización. «El Otro» se insinúa en el ser, lo impregna como éste impregna el cerebro, y entonces decimos que la persona está transformada.

Cuando no podemos identificarlo, cuando no tenemos marco de referencia donde colocar a la persona, decimos: ¡Vaya! Esta persona ha cambiado!. La transformación nace como un surgimiento en el vacío del espíritu.

Es algo que no pertenece al espíritu, que no está engendrado por él o por el esfuerzo cerebral. Es una bendición que nace en el estado sin ego, en el estado de completa «nulidad», y es entonces cuando comienza una nueva vida. Cuando la vida es atrapada por la totalidad, por «el Otro», por la energía no medida e inconmensurable; cuando el hombre es atrapado, nace de nuevo y la vida se renueva.

No estoy enunciando teorías. Comparto la vida con ustedes. Así es como sobreviene esto. Crecer en la otra dimensión es un derecho de nacimiento de cualquier ser humano. La morada de los seres humanos no es el cuerpo, la carne, los huesos y la sangre. El espíritu –la prisión del pasado– no es su aposento. El hombre no ha nacido para estar condenado a ser el prisionero de la estructura–pensamiento. Ha nacido para ser libre, para vivir en paz, en una paz interior imperturbable.

Guerra Santa:Pasión y Razón

UMBERTO ECO

GUERRA SANTA:PASION Y RAZON

UMBERTO ECO


Umberto Eco, nacido en 1932 en la localidad italiana de Alessandría, es autor de novelas como "El nombre de la rosa" y "El péndulo de Foucault", y de obras de semiótica como "La estructura ausente" y el "Tratado de semiótica y filosofía del lenguaje", entre otras.

Guerra santa: pasión y razón.
UMBERTO ECO
Nota periodística publicada en La Republica y Clarín, Octubre de 2001.

Semiólogo y escritor italiano, Berlusconi , habló de la supuesta superioridad occidental sobre el Islam.
Eco parte de esas palabras y arma un texto que elude la corrección política para convertirse en un conmovedor homenaje a la tolerancia.

Que alguien, en estos días, haya pronunciado palabras inoportunas sobre la superioridad de la cultura occidental, sería un hecho secundario. Es secundario que alguien diga una cosa que considera justa pero en el momento equivocado, y es secundario que alguien crea en una cosa injusta o incluso equivocada, porque el mundo está lleno de gente que cree en cosas injustas y equivocadas, incluido un señor que se llama Bin Laden, que posiblemente sea más rico que nuestro presidente del Consejo y estudió en las mejores universidades.
Lo que no es secundario y que debe preocuparnos un poco a todos, políticos, líderes, religiosos, educadores, es que ciertas expresiones, o llegado el caso, artículos enteros y apasionados que de alguna manera las legitimaron, pasen a ser materia de discusión general, ocupen la mente de los jóvenes y puedan llegar a inducirlos a sacar conclusiones pasionales dictadas por la emoción del momento. Me preocupan los jóvenes porque, en definitiva, a los viejos, la cabeza ya no les cambia. Todas las guerras de religión que ensangrentaron al mundo durante siglos nacieron de adhesiones pasionales a contraposiciones simplistas, como Nosotros y los Otros, buenos y malos, blancos y negros. Si la cultura occidental demostró ser fecunda es porque se esforzó por "eliminar", a la luz de la investigación y el espíritu crítico, las simplificaciones nocivas
. Naturalmente, no lo hizo siempre, porque forman parte de la historia de la cultura occidental también Hitler, que quemaba los libros, condenaba al arte "degenerado", mataba a los que pertenecían a las razas "inferiores", o el fascismo que me enseñaba en la escuela a recitar "Dios maldiga a los ingleses", porque eran "el pueblo de las cinco comidas" y por ende glotones inferiores al italiano parco y espartano. Son, no obstante, los mejores aspectos de nuestra cultura los que debemos discutir con los jóvenes, y de cualquier color, si no queremos que caigan nuevas torres también en los días que vivirán después de nosotros. Un elemento de confusión es que a menudo no se logra captar la diferencia entre la identificación con las propias raíces, comprender a quienes tienen otras raíces y juzgar lo que está bien y o mal. En cuanto a las raíces, si me preguntaran si preferiría pasar mis años de jubilado en un pueblito de Monferrato, en el majestuoso marco del parque nacional del Abruzzo o en las suaves colinas de Siena, elegiría Monferrato.
Pero eso no implica que considere a las otras regiones italianas inferiores al Piamonte. Por consiguiente, si con sus palabras, el presidente del Consejo quería decir que prefiere vivir en Arcore antes que en Kabul, y hacerse atender en un hospital milanés antes que en uno de Bagdad, estaría dispuesto a apoyar su opinión. Y eso aunque me dijeran que en Bagdad instalaron el hospital mejor equipado del mundo: en Milán me hallaría más en mi casa, y eso influiría incluso sobre mis capacidades de recuperación. (...) Pasemos ahora al enfrentamiento de civilizaciones, porque ése es el punto. Occidente, aunque más no sea, y en muchos casos lo es, por razones de expansión económica, ha sido curioso respecto de las otras civilizaciones.
Muchas veces las liquidó con desprecio; los griegos llamaban bárbaros, es decir, balbucientes, a quienes no hablaban su idioma y por lo tanto era como si en realidad no hablaran. Pero griegos más maduros, como los historiadores (quizá porque algunos de ellos eran de origen fenicio) muy pronto advirtieron que los bárbaros usaban palabras distintas de las griegas, pero se referían a los mismos pensamientos. Marco Polo trató de describir con gran respeto usos y costumbres chinos, los grandes maestros de la teología cristiana medieval se esforzaban por conseguir que les tradujeran los textos de los filósofos, médicos y astrólogos árabes, los hombres del Renacimiento exageraron incluso en su intento de recuperar sabidurías orientales perdidas, desde los Caldeos a los egipcios, Montesquieu intentó comprender cómo podía ver un persa a los franceses, y antropólogos modernos llevaron a cabo sus primeros estudios sobre las relaciones de los salesianos, que se acercaban sin duda a los Bororo para convertirlos, en lo posible, pero también para comprender cuál era su forma de pensar y de vivir, recordando quizá que los misioneros de siglos anteriores no habían podido comprender a las civilizaciones amerindias y alentaron su exterminio. Mencioné a los antropólogos.
No digo nada nuevo si recuerdo que, desde mediados del siglo XIX en adelante, la antropología cultural se desarrolló como un intento por cicatrizar el remordimiento de Occidente en relación con los Otros, y especialmente los Otros que eran definidos como salvajes, sociedades sin historia, pueblos primitivos. Occidente no había sido tierno con los salvajes: los había "descubierto", había intentado evangelizarlos, los había explotado, a muchos los había reducido a la esclavitud, entre otras cosas, con la ayuda de los árabes, ya que los barcos de los esclavos eran descargados en New Orleans por hidalgos de origen francés, pero estibados en las costas africanas por traficantes musulmanes.(...) La verdadera lección que debe extraerse de la antropología cultural es más bien que, para decir si una cultura es superior a otra, es necesario establecer parámetros.

Una cosa es decir qué es una cultura y otra decir en base a qué parámetros la juzgamos. Una cultura puede describirse de un modo pasablemente objetivo: estas personas se comportan así, creen en los espíritus o en una divinidad única que invade toda la naturaleza, se unen en clanes parentales según determinadas reglas, consideran bello perforarse la nariz con anillos, consideran impura la carne de cerdo, se circuncidan, crían perros para cocinarlos los días festivos o, como todavía dicen los estadounidenses de los franceses, comen ranas. El antropólogo, obviamente, sabe que la objetividad siempre entra en crisis debido a numerosos factores. (...) No obstante, haciendo una tala de todos los malentendidos posibles de una cultura Otra se puede obtener una descripción bastante "neutra". Los parámetros de juicio son otra cosa, dependen de nuestras raíces, de nuestras preferencias, de nuestros hábitos, de nuestras pasiones, de nuestro sistema de valores. Pongamos un ejemplo. ¿Consideramos que alargar la vida media de cuarenta a ochenta años es un valor? Yo personalmente creo que sí, pero muchos místicos podrían decirme que, entre un crápula que tira ochenta años y un san Luis Gonzaga que tira veintitrés, el segundo es el que tuvo una vida más plena. Pero admitamos que la extensión de la vida es un valor: si es así, la medicina y la ciencia occidental son ciertamente superiores a muchos otros saberes y prácticas médicos. ¿Creemos que el desarrollo tecnológico, la expansión de los intercambios comerciales, la rapidez del transporte, son un valor?
Muchísimos lo creen así, y tienen derecho a juzgar superior nuestra civilización tecnológica. Pero, en el seno mismo del mundo occidental, hay quienes consideran como un valor primordial una vida en armonía con un ambiente incorrupto, y entonces están dispuestos a renunciar a los aviones, los autos, las heladeras, para trenzar mimbres y moverse a pie de pueblo en pueblo, con tal de no tener el agujero de ozono. Ya ven que para definir una cultura mejor que otra, no basta con describirla (como hace el antropólogo) sino que es necesario recurrir a un sistema de valores que consideremos irrenunciables. Sólo en ese punto podemos decir que nuestra cultura, para nosotros, es mejor. En estos días asistimos a varias defensas de culturas diferentes en base a parámetros discutibles. Justamente, el otro día leía una carta a un gran diario donde se preguntaba sarcásticamente cómo era posible que los premios Nobel fueran siempre para occidentales y no para orientales. Dejando de lado el hecho de que se trataba de un ignorante que no sabía cuántos premios Nobel de Literatura fueron conferidos a personas de piel negra y a grandes escritores islámicos, dejando de lado que el premio Nobel de Física de 1979 fue para un pakistaní que se llama Abdus Salam, afirmar que reconocimientos para la ciencia recaen naturalmente en quienes trabajan en el ámbito de la ciencia occidental es descubrir la pólvora, porque nadie ha puesto nunca en duda que la ciencia y la tecnología occidentales están hoy en la vanguardia. ¿En la vanguardia de qué? De la ciencia y la tecnología. ¿Cuán absoluto es el parámetro del desarrollo tecnológico? Pakistán tiene la bomba atómica e Italia no. ¿Entonces, somos una civilización inferior? ¿Es mejor vivir en Islamabad que en Arcore?

Los defensores del diálogo nos instan a respetar el mundo islámico recordando que dio hombres como Avicena y Averroes. Nos recuerdan que los árabes de España cultivaban la geografía, la astronomía, la matemática o la medicina cuando en el mundo cristiano estaban mucho más atrasados. Todas cosas absolutamente verdaderas, pero esos no son argumentos, porque razonando así habría que decir que Vinci, noble comuna toscana, es superior a Nueva York, porque mientras en Vinci nacía Leonardo en Manhattan cuatro indios esperaban sentados en el suelo más de ciento cincuenta años a que llegaran los holandeses para comprarles toda la península por veinticuatro dólares. Y en cambio, sin ánimo de ofender a nadie, hoy el centro del mundo es Nueva York y no Vinci. Las cosas cambian. No sirve recordar que los árabes de España eran bastante tolerantes con cristianos y judíos en tanto que entre nosotros se atacaban los ghettos, que Saladino, cuando reconquistó Jerusalén, fue más misericordioso con los cristianos de lo que habían sido los cristianos con los sarracenos cuando habían conquistado Jerusalén. Todas cosas exactas, pero en el mundo islámico hay actualmente regímenes fundamentalistas y teocráticos que no toleran a los cristianos y Bin Laden no fue misericordioso con Nueva York. Bactriana fue un cruce de grandes civilizaciones, pero hoy los talibanes destruyen con explosivos los Buda.
Los franceses, por su parte, hicieron la masacre de la Noche de san Bartolomé, pero esto no autoriza a nadie a decir que en la actualidad son bárbaros. No molestemos a la historia porque es un arma de doble filo. Los turcos empalaban (y está mal) pero los bizantinos ortodoxos sacaban los ojos a sus parientes peligrosos y los católicos quemaban a Giordano Bruno; los piratas sarracenos hacían desastres de todos los calibres, pero los corsarios de su majestad británica, con todos sus despachos reales, incendiaban las colonias españolas en el Caribe; Bin Laden y Saddam Hussein son enemigos feroces de la civilización occidental, pero dentro de la civilización occidental hemos tenido señores que se llamaron Hitler o Stalin. No, el problema de los parámetros no se pone en clave histórica, sino en clave contemporánea. Ahora bien, una de las cosas elogiables de las culturas occidentales (libres y pluralistas, y estos son valores que nosotros consideramos irrenunciables) es que se dieron cuenta desde hace ya tiempo que la misma persona puede ser llevada a manejar parámetros distintos, y mutuamente contradictorios, sobre cuestiones diferentes. Por ejemplo, se considera un bien la prolongación de la vida y un mal la contaminación atmosférica, pero advertimos perfectamente que, quizá, para tener los grandes laboratorios donde se estudia la prolongación de la vida, haya que tener un sistema de comunicaciones y de abastecimiento energético que, por su lado, produce contaminación. La cultura occidental ha desarrollado las capacidades para poner libremente al descubierto sus propias contradicciones. Es posible que no las resuelva, pero sabe que existen, y lo dice.
En última instancia, todo el debate sobre "globalización sí-globalización no" está allí: ¿cómo hacer que resulte soportable una cuota de globalización positiva evitando los riesgos y las injusticias, cómo se puede alargar la vida también a los millones de africanos que mueren de Sida (y al mismo tiempo alargar la nuestra) sin aceptar una economía planetaria que hace morir de hambre a los enfermos de Sida y nos hace engullir alimentos contaminados a nosotros? Pero justamente esa crítica de los parámetros, que Occidente persigue y alienta, nos hace comprender lo delicada que es la cuestión de los parámetros. ¿Es justo y civilizado proteger el secreto bancario? Muchísimos consideran que sí. Pero ¿y si ese secreto permite que los terroristas tengan su dinero en la City de Londres? Entonces, ¿la defensa de la llamada privacy es un valor positivo o dudoso? Nosotros ponemos continuamente en discusión nuestros parámetros. El mundo occidental lo hace a tal punto que permite a sus propios ciudadanos no aceptar como positivo el parámetro del desarrollo tecnológico y hacerse budistas o irse a vivir a comunidades donde no se usan los neumáticos, ni siquiera para los carros con caballos.
El problema que la antropología cultural no resolvió es qué hacer cuando el integrante de una cultura, cuyos principios aprendimos quizás a respetar, viene a vivir a nuestra casa. En realidad, la mayor parte de las reacciones racistas en Occidente no se deben al hecho de que los animistas vivan en Malí (basta con que se queden en su tierra, dice de hecho la Liga), sino que los animistas vengan a vivir con nosotros. Y vaya y pase con los animistas o con quienes quieren rezar en dirección a la Meca, pero ¿y si quieren llevar chador, si quieren infibular a sus muchachas, si (como sucede en algunas sectas occidentales) niegan las transfusiones de sangre a sus niños enfermos, si el último comedor de hombres de Nueva Guinea (admitiendo que todavía exista alguno) quiere emigrar a nuestro país y asarse a un jovencito por lo menos cada domingo? Sobre el comedor de hombres estamos todos de acuerdo, va a la cárcel (pero sobre todo porque no son mil millones), sobre las chicas que van a la escuela con chador, no veo por qué hacer una tragedia si eso les gusta, sobre la infibulación, en cambio, el debate está abierto pero, ¿qué hacemos, por ejemplo, con el pedido de que las mujeres musulmanas puedan ser fotografiadas en el pasaporte con velo? Tenemos leyes, iguales para todos, que establecen criterios de identificación para los ciudadanos y no creo que se puedan dejar de lado. Yo cuando visité una mezquita me quité los zapatos, porque respetaba las leyes y las usanzas del país anfitrión. ¿Qué hacemos con la foto velada?
Creo que en estos casos se puede negociar. En el fondo, las fotos de los pasaportes son siempre poco fidedignas y sirven para lo que sirven, están estudiándose tarjetas magnéticas que reaccionan con la huella del pulgar, el que quiera ese tratamiento privilegiado que pague el eventual sobreprecio. Y si esas mujeres luego asisten a nuestras escuelas, también podrían llegar a conocer derechos que no creían tener, así como muchos occidentales fueron a las escuelas coránicas y decidieron libremente hacerse musulmanes. Reflexionar sobre nuestros parámetros significa también decidir que estamos dispuestos a tolerar todo, pero que ciertas cosas son para nosotros intolerables. Occidente dedicó fondos y energías a estudiar los usos y costumbres de los Otros, pero nadie permitió verdaderamente a los Otros que estudiaran usos y costumbres de Occidente, salvo en las escuelas mantenidas en el exterior por los blancos o permitiendo a los Otros más ricos que fueran a estudiar a Oxford o París -y después se ve lo que pasa, estudian en Occidente y vuelven a su patria para organizar movimientos fundamentalistas, porque se sienten ligados a sus compatriotas que no pueden realizar esos estudios. Antiguos viajeros árabes y chinos habían estudiado algo de los países donde se pone el sol, pero son cosas de las que sabemos bastante poco.
¿Cuántos antropólogos africanos o chinos vinieron a estudiar Occidente para contárselo a sus conciudadanos, pero también a nosotros, me refiero a contarlo como nos ven ellos? Existe desde hace unos años una organización internacional llamada Transcultura que propicia una "antropología alternativa". Llevó a estudiosos africanos que nunca habían estado en Occidente a describir el interior francés y la sociedad de Bolonia, y les aseguro que cuando nosotros los europeos leímos que dos de las observaciones más sorprendentes se referían al hecho de que los europeos sacan a pasear a sus perros y que se desnudan a la orilla del mar, bueno, la mirada recíproca comenzó a funcionar de ambas partes, y surgieron discusiones interesantes. En este momento, con miras a un congreso final que se desarrollará en Bruselas en noviembre, tres chinos, un filósofo, un antropólogo y un artista, están completando el viaje de Marco Polo al revés, sólo que en vez de limitarse a escribir su Millón, graban y filman.
Al final, no sé qué podrán aclararles sus observaciones a los chinos, pero sé qué podrán aclararnos a nosotros. Imagínense que se invite a fundamentalistas musulmanes a realizar estudios sobre el fundamentalismo cristiano. Bueno, yo creo que el estudio antropológico del fundamentalismo de otro puede servir para comprender mejor la naturaleza del propio. Que vengan a estudiar nuestro concepto de guerra santa y quizá verían con ojo más crítico la idea de guerra santa en su casa. En el fondo, los occidentales hemos reflexionado acerca de los límites de nuestro modo de pensar describiendo justamente la pensée sauvage. Uno de los valores de los cuales habla mucho la civilización occidental es la aceptación de las diferencias. Teóricamente estamos todos de acuerdo, es politically correct decir en público de alguien que es gay, pero después en casa decimos que es un marica. ¿Cómo se hace para enseñar la aceptación de la diferencia? La Académie Universelle des Cultures puso on line un sitio donde se están elaborando materiales sobre temas diversos (color, religión, usos y costumbres, etcétera) para los educadores de cualquier país que quieran enseñar a sus alumnos cómo aceptar a los que son distintos de ellos. En primer lugar, se decidió no decir mentiras a los chicos, afirmando que todos somos iguales. Los niños se dan cuenta perfectamente de que algunos vecinos de casa o compañeros de colegio no son iguales a ellos, tienen una piel de distinto color, los ojos con forma almendrada, el pelo más abundante o más lacio, comen cosas extrañas, no toman la primera comunión. Tampoco basta decirles que todos son hijos de Dios, porque también los animales son hijos de Dios y, sin embargo, los chicos nunca vieron una cabra en la cátedra enseñándoles gramática. Por lo tanto, es necesario decir a los chicos que los seres humanos son muy distintos entre sí, y explicar bien en qué son distintos, para luego mostrar que esas diversidades pueden ser una fuente de riqueza.
El maestro de una ciudad italiana debería ayudar a sus chicos italianos a comprender por qué otros niños le rezan a una divinidad distinta, o tocan una música que no se parece en nada al rock. Naturalmente, lo mismo debe hacer un educador chino con niños chinos que viven junto a una comunidad cristiana. El paso siguiente consistirá en mostrar que hay algo en común entre su música y la nuestra, y que también su Dios recomienda algunas cosas buenas. Posible objeción: nosotros lo haremos en Florencia, ¿pero lo harán después también en Kabul? Bueno, esa objeción es lo más alejado que puede haber de los valores de la civilización occidental. Nosotros somos una civilización pluralista porque permitimos que en nuestra casa se construyan mezquitas y no podemos renunciar a ello sólo porque en Kabul manden a prisión a los propagandistas cristianos.
Si lo hiciéramos seríamos talibanes nosotros también.(...) Ahora bien, dejando de lado que hay una derecha y que hay un catolicismo integrista decididamente tercermundista, filo-árabe, etcétera, no se tiene en cuenta un fenómeno histórico que está ante los ojos de todos. La defensa de los valores de la ciencia, el desarrollo tecnológico y la cultura occidental moderna, en general, siempre fueron una característica de las alas laicas y progresistas. No solamente eso, todos los regímenes comunistas evocaron una ideología del progreso tecnológico y científico. El Manifiesto de 1848 se inicia con un elogio imparcial de la expansión burguesa; Marx no dice que hay que dar media vuelta y pasar al modo de producción asiático, dice solamente que de esos valores y esos éxitos deben apoderarse los proletarios. A la inversa, siempre ha existido el pensamiento reaccionario (en el sentido más noble del término), al menos empezando por el rechazo de la revolución francesa, que se opuso a la ideología laica del progreso afirmando que hay que volver a los valores de la Tradición. Sólo algunos grupos neo-nazis se remiten a una idea mítica de Occidente y estarían dispuestos a degollar a todos los musulmanes en Stonehenge. Los más serios entre los pensadores de la Tradición siempre se han remitido, más allá de los ritos y mitos de los pueblos primitivos, o la lección budista, precisamente al Islam, como fuente todavía actual de espiritualidad alternativa. Siempre estuvieron allí para recordarnos que no somos superiores, sino que más bien la ideología del progreso nos desecó, y que debemos ir a buscar la verdad entre los místicos Sufis o los derviches danzantes.
Y esas cosas no las digo yo, siempre las dijeron ellos. Basta con ir a una librería y buscar en los estantes indicados. En este sentido, en la derecha se está abriendo ahora una curiosa grieta. Pero tal vez sea sólo un signo de que en los momentos de gran desconcierto (y ciertamente estamos viviendo uno) nadie sabe dónde está. Claro que es justamente en los momentos de desconcierto cuando hay que saber usar el arma del análisis y la crítica, de nuestras supersticiones tanto como de las del otro. Espero que de estas cosas se hable en las escuelas, y no sólo en las conferencias de prensa.
(c) La Republica y Clarín, 2001. Traducción de Cristina Sardoy.